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| Foto original por Lizbiofilia. |
La ciudad tiene ruido constante, apuro constante, estímulos todo el tiempo. Y yo seguía el ritmo sin cuestionarlo. Mi cuerpo sí lo hacía, pero yo no lo escuchaba.
Hasta que un día entendí algo simple: estaba viviendo en un lugar que no me hacía bien. No fue una huida ni una crisis. Fue una decisión que, poco a poco, se fue formando dentro de mí.
Mudarme cerca de la naturaleza no me transformó en otra persona. Solo me permitió volver a un ritmo más humano. A respirar mejor. A descansar de verdad. A sentirme bien otra vez.
¿Alguna vez sentiste que estabas cansado(a) sin saber exactamente por qué?
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